Journal #40

 

[ Cómo hacer un buen moodboard de moda (y para qué sirve realmente) ]

Hay un momento al principio de todos los proyectos en el que tenemos una carpeta dentro de pinterest llena de imágenes. Objetos, prendas, colores, interiores, arquitectura, objetos, tejidos, paisajes,… Algunas sabemos perfectamente por qué las hemos guardado y otras simplemente tienen algo que nos interesa. Pero tener muchas referencias no significa tener un concepto. Y tampoco significa tener un buen moodboard.

Porque un moodboard no debería ser simplemente una composición bonita que presentamos al principio de un proyecto y después dejamos olvidada en un documento. Debería ser una herramienta de trabajo. Algo a lo que podamos volver cuando empezamos a diseñar y que nos ayude a tomar decisiones sobre color, materiales, proporciones, detalles o incluso sobre qué productos tienen sentido dentro de la colección.

Antes del moodboard está el concepto

Antes de empezar a buscar imágenes necesitamos saber, al menos aproximadamente, qué estamos buscando. No significa tener la colección resuelta antes de empezar. Precisamente investigamos porque queremos descubrir qué diseñar. Necesitamos una dirección, una idea desde la que empezar a mirar.

Puede ser un lugar, una época, una actitud, una historia, una sensación o incluso una contradicción. Lo importante es que exista algún tipo de hilo conductor que nos permita decidir qué referencias pertenecen al proyecto y cuáles simplemente nos gustan. Porque ese es uno de los grandes peligros de Pinterest: siempre hay otra imagen que nos gusta.

Podemos pasar horas guardando fotografías y terminar con un panel lleno de cosas interesantes que, en realidad, hablan de cinco colecciones diferentes. Por eso el concepto funciona como un primer filtro. Nos ayuda a investigar sin perder la dirección.

Buscar referencias no significa buscar prendas

Cuando empezamos una investigación para una colección intentamos no buscar únicamente ropa. De hecho, si todas nuestras referencias son prendas de otras marcas, es bastante fácil terminar diseñando algo parecido a lo que ya existe.

Una referencia puede aparecer en cualquier sitio: una fotografía, un edificio, una película, un uniforme antiguo, un cartel, un objeto, un paisaje, una textura, un interior, un libro, una tipografía o algo que fotografiamos por la calle. Lo importante no es tanto qué estamos mirando, sino qué vemos en ello.

Por ejemplo, una fotografía puede darnos una combinación de colores. Una fachada puede sugerir una proporción o una estructura. Un uniforme antiguo puede llevarnos a un bolsillo, un cierre o una construcción. Una textura puede convertirse en la búsqueda de un tejido determinado.

Y probablemente ahí empieza una de las partes más interesantes del diseño: interpretar en lugar de copiar.

El verdadero trabajo empieza cuando seleccionamos

Encontrar imágenes es relativamente fácil. Lo complicado empieza cuando tenemos que elegir cuáles se quedan. Normalmente durante una investigación acumulamos muchas más referencias de las que finalmente aparecen en el moodboard. Y eso está bien. Esa primera fase puede ser bastante abierta porque todavía estamos intentando entender hacia dónde va el proyecto.

Empezamos a detectar cosas que se repiten sin haberlas buscado conscientemente: determinados colores, materiales, proporciones, formas, épocas, detalles o actitudes. Y también empiezan a aparecer imágenes que nos encantan pero que no tienen nada que ver con el resto, así que quitarlas también forma parte del proceso creativo.

Un buen moodboard no necesita explicar absolutamente todo. Necesita conseguir que las referencias que quedan empiecen a hablar entre ellas y construyan una dirección suficientemente clara como para empezar a diseñar.

¿Cómo sabemos si un moodboard funciona?

Para nosotras hay una prueba bastante sencilla: mirar el panel e intentar empezar a diseñar.

¿Podemos imaginar una paleta de color?, ¿nos sugiere determinados tejidos o texturas?, ¿hay proporciones, volúmenes o siluetas?, ¿vemos detalles que podrían trasladarse al producto, ¿entendemos qué sensación debería transmitir la colección?

Si después de mirar el moodboard seguimos sin saber por dónde empezar, probablemente tenemos un panel de inspiración bonito, pero todavía no una herramienta de diseño. El objetivo es que nos ayude a construir una colección.

Del moodboard al producto

Y aquí llega probablemente la parte más difícil: convertir todas esas referencias en prendas.

Imaginemos, por ejemplo, que estamos trabajando alrededor de antiguos clubes de tenis. Podemos encontrar fotografías de pistas, uniformes deportivos, carteles, raquetas antiguas, arquitectura de los clubes, tipografías, césped, tierra batida o imágenes de jugadores de otras épocas.

La traducción más literal sería coger una raqueta y estamparla sobre una camiseta. Pero la idea es ir bastante más lejos.

Quizá esas referencias nos llevan a trabajar con blanco roto y verde. A utilizar un rib con una pequeña raya de color. A buscar un algodón con más cuerpo. A recuperar determinadas proporciones de los polos antiguos. A utilizar una tipografía concreta en una etiqueta o introducir un pequeño bordado.

De repente, ninguna de las prendas tiene que mostrar literalmente una pista de tenis. Pero toda la colección puede sentirse conectada con ese universo.

La referencia desaparece, pero su influencia permanece en la prenda.

Y eso es precisamente lo que buscamos cuando trabajamos con un moodboard: no reproducir las imágenes que hemos encontrado de manera literal, sino extraer de ellas información que podamos convertir en diseño.

El moodboard también sirve para decir que no

Ese moodboard que hemos montado también sirve para descartar, porque durante el desarrollo de una colección van apareciendo constantemente nuevas ideas. Vemos un tejido que nos gusta, encontramos un color nuevo, pensamos en otra prenda o aparece una referencia que podría llevarnos en una dirección diferente, pero no todo puede entrar. Así que volver al moodboard nos permite preguntarnos si esa nueva idea pertenece al proyecto o simplemente nos gusta.

¿Este color tiene sentido dentro de la colección?, ¿esta prenda aporta algo?, ¿este gráfico pertenece al mismo universo?, ¿este tejido refuerza la dirección que habíamos definido?

El moodboard no debería convertirse en un policía porque las colecciones cambian durante el proceso y muchas veces una referencia que aparece más tarde mejora muchísimo la idea inicial, pero sí puede funcionar como un filtro que nos ayuda a mantener cierta coherencia mientras diseñamos.

Un moodboard no termina cuando empezamos a diseñar

Quizá por eso nos gusta pensar en el moodboard como una herramienta de trabajo.

Empieza con una idea, crece durante la investigación y continúa acompañándonos cuando elegimos un tejido, ajustamos una proporción, descartamos un color o decidimos que una prenda no hay que hacerla.

No se trata de llenar una página de imágenes bonitas, ni de conseguir una composición perfecta. Se trata de construir una dirección suficientemente clara como para poder tomar decisiones a partir de ella. Porque un buen moodboard no es el que mejor explica dónde encontramos la inspiración.

Hola, ¿tomamos un café?

Si estás empezando a desarrollar una colección y necesitas definir el concepto, ordenar tus referencias o convertir tus ideas en producto, cuéntanos tu proyecto y veremos cuál es la mejor forma de trabajar juntos.

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